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Siq petra

Petra y el desierto de Wadi Rum

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Jordania no estaba en el plan, como tantos otros destinos que nos han llegado por sorpresa. Jordania, allá donde se esconde Petra, Jordania, allá donde uno puede hacer cosas imposibles como nadar sin saber hacerlo, nos recibió en una fría noche, después de un casi eterno verano.

Jordania nos abrió la puerta al Oriente Medio, un lugar complejo y único en muchos aspectos. Jordania fue donde por fin coincidimos con nuestros compañeros virtuales de ruta Marcos y Yolanda, de La Gaveta Voladora, que después de estar casi un año dando vueltas por los mismos lugares a destiempo, fue Petra la que nos presentó en persona. Jordania fue, sin duda, una parada inesperada pero mágica.

Visita al desierto de Jordania

Petra, la archiconocida, la majestuosa, la maravilla del mundo. Petra, Petra… es como si no hubiera palabras para poder describir qué es Petra, y más que eso… qué te hace sentir!

Visita a Petra

Tras recorrer el Siq, literalmente un angosto pasillo creado por capricho del viento, aunque uno podría pensar que fue hecho a propósito para que el viajero, el explorador, el aventurero, el arqueólogo o simplemente tú o yo pudiéramos sentir la expectación generarse minuto tras minuto al compás de los pasos, tras deslumbrarnos con los esporádicos rayos de sol a los que el Siq permite la entrada mientras intentamos no parpadear y no perdernos de ese modo el momento exacto en el que te encuentras con esa imagen tantas veces soñada, tantas veces ansiada, el Tesoro, tal y como se denomina a la fachada más fotografiada del desierto.

Y cuando por fin, tras unos minutos de contemplación, eres de nuevo capaz de articular palabra no se te ocurre ninguna merecedora de describir la belleza que tienes frente a ti. Puede que Indiana Jones tuviera culpa de crear esa evocadora ilusión de ver algún día Petra, pero sin duda le agradecemos que así fuera. El Tesoro es sólo la primera parte, ya que la antigua ciudad de Petra es mucho más grande de lo que pensábamos. Hay que armarse de fuerzas para soportar el duro día bajo el sol en el desierto pero la motivación sobra, así que la actitud con la que te enfrentas al desierto y la belleza del mismo hacen que podamos aguantar.

En el camino encontramos de todo, restaurantes, guías, tiendas de souvenirs, camellos, caballos, burros, toda una serie de facilidades que, por un lado hacen que se pierda ese halo de misterio y de descubrimiento a solas de los tesoros de Petra, y por otro hacen que sea más cómodo recorrer la ciudad para todas las edades. Sin duda, a mayor edad más seguidores, es decir que a cada rato tendrás a alguien detrás instándote a contratar sus servicios. Por suerte, no son demasiado insistentes y en cuanto ven que no te interesa se lanzan a por otro posible cliente.

El último escollo, tras descubrir ruinas increíbles y que no esperábamos, es el de subir a la cima de una montaña para contemplar la otra gran fachada de Petra, el Monasterio. El camino es algo arduo, estamos hablando de subir una montaña durante su buena horita, si nos lo tomamos con calma. Sin embargo, aunque cansado, podemos ir reponiendo fuerzas y cobijarnos del astro rey en las improvisadas tiendas que las beduinas montan cada día para vender sus artesanías.

La hospitalidad es la prioridad, y no importa que no les compréis nada, ellas os servirán una taza de su delicioso te y querrán charlar con vosotros, demasiadas horas solas viendo el desfile de los turistas que a veces no ven más allá y sólo quieren hacer cumbre perdiéndose así otra de las maravillas de Petra, su gente. Así que os recomendamos fervientemente abrir los ojos y descubrir este otro tesoro, el de los beduinos.

El Monasterio y las vistas hasta llegar a él, no hacen más que confirmar que el precio de la entrada a Petra, 50 dinares jordanos (casi unos 60 Euros), casi no duelan, casi… Aunque una de las mejores vistas, sin duda, es la del desierto a vista de pájaro, de uno que está asomado al abismo y no volando! Aún no han descubierto que hay gente que pagaría por una vuelta en helicóptero antes que subir a lomos de un burro o a pie.

Después del duro día nos vamos a descansar, esta noche veremos otra Petra, la nocturna a la luz de las velas, lo que no sabemos es que lo mejor de la noche es la compañía de Marcos y Yolanda, ya que el espectáculo nocturno de Petra nos parece un robo por los 17 Euros que cuesta la entrada. De día mucho mejor.

El desierto de Wadi Rum

Y como si del Juego de la Oca se tratara, “de desierto en desierto y tiro porque me toca”, nos vamos hasta Wadi Rum, hogar del mítico Lawrence de Arabia, así que gracias a Jordan Travel Agency pudimos disfrutar de una auténtica experiencia en el desierto, ni más ni menos que con beduinos. Peter, el nombre inglés que le hemos dado a Yusef, ya que el nos ha puesto nombres beduinos muy difíciles de recordar, nos recoge a mitad de camino desde Petra y nos lleva a dar un paseo por el magnífico Sahara de Wadi Rum, hoy hemos aprendido que Sahara significa desierto! Nos maravillamos con la hermosura del paisaje y nos damos cuenta que el Sahara nos encanta.

wadi rum

Después de lavarnos las manos con jabón natural extraído de las plantas, de hacer una parada en un auténtico campamento beduino a tomar otro te -¿sabíais que están todo el tiempo tomándolo?- y de asombrarnos con unas pinturas antiguas en las rocas, paramos a comer. Y qué mejor escenario que un picnic en medio del desierto para disfrutar de una barbacoa de pollo con una ensalada deliciosa y unos postres beduinos increíbles… no hay otro posible, tumbados al estilo árabe en unas colchonetas, como si hubiéramos sido nómadas toda la vida, ansiamos respirar la brisa fresca con la que en estas fechas nos regala el desierto, dejamos nuestra mente en blanco y simplemente disfrutamos de la calma del desierto.

atardecer en wadi rum

La tarde nos da para seguir los pasos de Lawrence de Arabia, y contemplar los lugares en los que la famosa película inmortalizó la leyenda de este hombre que vivió y amó el Sahara, el de Wadi Rum, y no nos extraña pero no podemos hacer otra cosa que admirarlo, a él y a los beduinos, por cómo fueron capaces de sobrevivir en un medio tan inhóspito, bello pero desolador, asombroso pero peligroso a la vez. Terminamos con uno de los atardeceres más espectaculares que nos quedaban por ver, en lo alto de una roca, al son del viento azuzando nuestros rostros, una estampa romántica e inspiradora que hace que al contar el escaso tiempo que nos queda de esta aventura nuestra nos den ganas de alargarla.

Con la noche llega el momento de compartir momentos genuinos con esta familia beduina. El padre de Yusef y sus dos mujeres nos dan la bienvenida y nos abren las puertas de su casa con un grado de hospitalidad que no hemos sentido nunca, rodeados de sus hijos, de todas las edades y con sus curiosas miradas, compartimos en familia una copiosa y deliciosa cena. El humus nos gustaba pero el que han preparado aquí deja a los otros a la altura del betún, y de postre una rica y extraña leche de camello, que no se diga que no estamos probando toda clase de alimentos en nuestro viaje conociendo las culturas que existen en el mundo, y sobretodo compartiendo los momentos, algo sin duda para recordar.

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6 comentarios en “Petra y el desierto de Wadi Rum”

    1. Petra es desde luego uno de los lugares más impresionantes que hemos visto durante nuestro viaje, pero el desierto de Wadi Rum te deja sin palabras! Un abrazo!

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