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Melbourne, como en casa

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Australia, la isla continente, la isla peligrosa, la isla paradisíaca, la isla de los canguros… un destino que siempre llamó nuestra atención ¿será por lo lejos que está de casa o porque simplemente hay cosas que no tienen una razón de ser, solo que siempre te llamaron a voces en tus sueños? Sea como fuere, llegamos a Australia… y nos fuimos.

Un día en Melbourne

En Melbourne le dijimos adiós, su segunda capital extraoficial. Porque Australia tiene tres capitales, la oficial Canberra y las extraoficiales Sídney y Melbourne. Las tres han sido capitales en algún momento ¿qué país puede decir que haya tenido tantos puntos clave? Si nos ponemos a pensar seguro que muchos, pero ¿cuánto sabemos de la historia de Australia? a fin de cuentas es nuestra puerta al hemisferio sur, ya sabéis… aquello de que si caváramos un túnel a través de nuestro planeta llegaríamos allí. Siempre tuvimos un algo con Australia, esas ganas de atravesar el planeta, de llegar al fin del mundo. Ahora es muy fácil llegar al otro extremo del planeta, pero ¡cuán difícil debió ser hace 400 años!

¿Por qué merece la pena visitar Melbourne? Tal vez sea una ciudad más, tal vez se parezca a cualquier otra ciudad europea, tal vez, solo tal vez tenga algo especial que la convierta en el puerto de entrada de los que quieren buscarse la vida en Australia. La ciudad más multicultural del país, puede que incluso más cosmopolita que la famosa Sídney, y donde en cualquier rincón puedes escuchar hablar cualquier idioma del mundo. Estar en Melbourne hace que, de algún modo, te sientas como infiltrado en este país, porque perfectamente podrías pasar por ciudadano de esta gran urbe que no entiende de nacionalidades.

Es bonito sentir que podrías estar en casa cuando, de hecho, estás en el punto más alejado de ella.

Y… sí, Melbourne tiene unos edificios magníficos, gracias sobre todo a su época dorada, nunca mejor dicho, la época en la que se descubrió oro por toda la zona y eso hizo que Melbourne se llenara los bolsillos y pudiera embellecerse, pero eso no es lo que más atrae de la ciudad. Aquello que realmente hace a Melbourne especial es su ambiente callejero, la vida que cada una de sus calles emana, la gente compartiendo sus momentos en la calle, en las terrazas de los cientos de restaurantes que alberga la ciudad, algunos de origen español, otros italianos, suizos, indios… de todo. Los músicos, buenos músicos, que tratan de hacerse un hueco o que simplemente disfrutan abriendo su corazón. Melbourne es eso y más, es descubrir una ciudad en su gente y sus calles, en su comida, en su variedad, Melbourne es corazón y eso… es lo que hace al viajero viajar.

Sin duda habrá más, esto ha sido solo una pequeña prospección del camino a lo que debe ser un viaje más a fondo. Aún nos quedan por conocer lugares tan sagrados y místicos como Uluru, dormir bajo las estrellas en el extenso desierto rojo, pasar un día inolvidable en Bondi Beach, descubrir las playas de Queesland que las nubes escondieron de nosotros, y ¿por qué no? Incluso tratar de secuestrar a un Koala!

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