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El Recinto arqueológico de Sukhothai

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Las ruinas de Sukhothai

Y después de pensarlo y repensarlo, de vamos o no vamos, de querer y no poder… llegamos a Tailandia, el que según nos habían contado es conocido como “El Paraíso de los Mochileros”. Nuestra llegada al país es, desde luego, un logro tras los últimos acontecimientos de la noche anterior y la dificultad del camino; llegamos por tierra desde Myanmar, nos arriesgamos, ya que no sabíamos con toda seguridad cómo estaban las fronteras terrestres del país, pero después de mucho indagar, creímos que apostábamos por la carta ganadora, y así fue, la frontera más fácil que nunca hemos cruzado, casi parecía que pasábamos de España a Francia. En el paso de Mae Sot, los únicos de tez más blanca de lo normal en estos países, cientos de ojos observándonos como si viniéramos del espacio, todo el mundo dirigiéndonos hacia la “taquilla” correcta, rellenamos un papel, lo entregamos, sello al cante y ya estamos en Tailandia, ya está, así de fácil, sin una leve revisión de equipaje, sin preguntas… Bienvenidos al paraíso!

 

Lo primero que hacemos es intentar llegar hasta la ciudad de Mae Sot caminando, parece que está cerca, sino no se llamaría así el paso fronterizo, no? Pues está a unos 10 kilómetros, con las mochilas, bajo el sol de mediodía… siempre escogemos grandes momentos para caminar. Cuando ya llevamos bastante recorrido, aunque pocos kilómetros, pasamos al plan B, haremos autostop, y funciona… nos está gustando este nuevo país. ¿El alojamiento? Barato es poco, 3 Euros, aunque tampoco podría valer más. Está bien, es suficiente para una noche, ya que nuestra primera parada de verdad en nuestro camino hacia el norte, Laos, es Sukhothai.

Nuestra primera impresión de este país es tan buena que no podía ser mejor. Las ruinas de Sukhothai, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, unas de las ruinas más antiguas de Tailandia, son lo primero que vemos de este país. Sus gigantes figuras recortadas a la luz del sol, o a la de las acechantes nubes, crean una visión mágica de una arquitectura aún más especial. Ese tono amarronado de las construcciones juega muy bien con el verde que rodea a las mismas y el azul de los lagos y el cielo, es un paraíso para el amante de la fotografía. Pasar el día recorriendo este complejo, a pie o a bici fácilmente, dejar que el tiempo haga su papel y cambie el color de las nubes, el color de los templos… y encontrar árboles milenarios que en algún momento perdieron el control de sus raíces y ahora parecen una maraña deconstruída de un árbol milenario que vio pasar por aquí una época mejor.

Arbol milenario

Otro atardecer frustrado en Asia, parece que la época de lluvias no es la mejor para los amantes del ocaso… Igualmente nosotros siempre lo intentamos, nunca se sabe si alguien tendrá piedad de nosotros en algún momento. Así que, como hemos decidido ir a pie vamos a hacer tiempo y nos dirigimos hacia Wat Si Chum donde se encuentra un buda gigante en el que en ciertos momentos del día un rayo de luz ilumina esta piedra con forma de dios dándole un aspecto aún más divino. Es curioso cómo te transforma esto de dar la vuelta al mundo, ya nunca nos importa caminar sin saber la distancia o el tiempo que tardaremos en llegar a nuestro destino, ahora sólo caminamos hasta que lleguemos, disfrutando del paisaje, de la conversación, nos hemos aficionado a un nuevo juego que nos divierte en estos ratos de caminatas, nos imaginamos situaciones “difíciles” y apostamos por cuánto dinero lo haríamos, porque todo el mundo tiene un precio. Por ejemplo, ¿nadarías hasta la isla que se ve en el horizonte por seis millones de euros?… pero de noche! Jugar con la imaginación a veces te ayuda a comprenderte un poco mejor.

Cuando regresamos al centro del complejo para esperar nuestro gran acontecimiento -nos han dicho que aquí el atardecer es espectacular- comienza el aguacero del día. Aun guardamos aquellas capas de plástico de las que tan buen uso hicimos en Myanmar, así que ponte la capa y a seguir. De vez en cuando vemos que se acerca algún coche, creemos que parará y nos acercará, no hay suerte, somos unos ilusos. La tormenta empieza a ser de esas épicas, con truenos y relámpagos, y nosotros estamos en medio de la nada, una carretera solitaria que cada vez tiene menos arcén ya que el agua se ha quedado con nuestro lugar. Pero a lo lejos vemos una especie de caseta, salvados! Una pareja catalana que va en bici también se ha refugiado hasta que amaine un poco la lluvia, mira tú por dónde volvemos a ver a españoles por el mundo, Tailandia nos gusta parece, nos tratan bien, tratan mejor a nuestro bolsillo, nos dan de comer delicias y además, nos sorprende la belleza de sus lugares, sí, nos gusta este país.

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