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Trekking de Kalaw a Inle

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Es un hecho, si pasas por Myanmar no puedes dejar de hacer un trekking, si tu cuerpo te lo permite. Nosotros no somos muy amantes del esfuerzo físico, ni de los trekking, pero… fue una experiencia de esas que te conectan con el lugar en el que estás. De caras amables, de paisajes bonitos, de charlas interesantes, de pueblos perdidos y de sonrisas sin parar, de esfuerzo también, y cansancio, de ampollas y de sed, de calor y de lluvias torrenciales.

El trekking desde Kalaw hasta el lago Inle, durante 3 días a 6 horas diarias de caminata, y con un recorrido de unos 60 kilómetros más o menos se convirtió en un arduo pero interesante paseo por las montañas de la antigua Birmania.

Trekking en el Lago Inle

Llegas a Kalaw a las 3 de la mañana, porque eso sí, viajar a Myanmar recorriendo el país en bus es no tener miedo al sueño entrecortado y a llegar a tu destino a horas intempestivas, los autobuses son muy cómodos pero no calculan muy bien el tema de los tiempos, es un hecho. Y al día siguiente, después de encontrar un hotel y negociar un precio medio dormido y despertando sin saber muy bien dónde estás, comienza la búsqueda del trekking, nosotros lo tuvimos fácil, seguimos la recomendación de nuestros amigos Diego y Vanessa del blog VolandoVoyViajes, y como siempre, su recomendación fue inmejorable, en Lily Guesthouse un recorrido algo distinto, algo más largo, pero durante el que apenas te cruzas con más grupos, con un guía espontáneo, divertido y encantador, Krishna, y con unos compañeros geniales, americanos, irlandeses, argentinos y españoles, menudo cóctel! Gracias por los momentos vividos Missy, Taylor, John, Pedro y Flor, y por supuesto Krishna.

Hechas las presentaciones ponemos rumbo a Inle, aún no sabemos muy bien los detalles, dónde dormiremos, cuantos kilómetros son, si hay mucha subida, cuando pararemos, si podremos comprar agua en cualquier lugar… parecemos niños pequeños, cómo nos gusta saber y controlar, pero a veces es mejor dejarse llevar, así que nos dejamos llevar y simplemente disfrutamos.Vaca y Bambu

Recorrido del trekking en el lago Inle

El primer día fue duro, subidas por aquí, ahora algo de bajada, pero vuelta a subir. De todas maneras era el primer día, siempre es mejor que sea ése el día duro. Pasamos por varios pueblos de la etnia Po, una  señora de cara curtida por el sol y el duro trabajo en el campo, nos sirve té en el patio de su casa, es decir en medio del bosque, qué lindo patio, no creéis? Algo desprende esta gente, un destello de felicidad, un rayo de esperanza, una dosis extra de paz, y todo ello envuelto en paja, porque no tienen nada más que sus vacas, sus tierras, es suficiente.

Es suficiente para que los niños del pueblo donde dormiremos, se diviertan como locos torturando a un pobre murciélago, lo que allá hacen los niños con las hormigas, aquí se hace con estos pequeños vampiros, y disfrutan como niños, porque son niños. Ya no nos miran con curiosidad, han pasado muchos ya por aquí, pero aún son capaces de sorprenderse con nuestras miradas curiosas. Esa noche dormimos todos juntos en un almacén de ajos, está claro, los vampiros no nos molestarán hoy.

Hacer el trekking al lago Inle en época de lluvias

El día siguiente es uno de los más intensos sin duda, sobre todo cuando a unas 3 horas de llegar hasta nuestro refugio para pasar la noche se nos cae el cielo encima, literalmente. Estamos en época de lluvias, y ya habíamos tenido suerte de que nos respetara hasta ahora. Así que nada, chubasqueros, capucha y a seguir. Es divertido cómo al ponerse uno la capucha se aísla de todo. Ése fue el momento de mayor soledad en todo el trekking, silencio absoluto exceptuando las incontables gotas al chocar contra el suelo, concentración en seguir las pisadas de tu compañero, en asegurar tus pies mojados sobre las rocas, en ayudarte con tus manos para escalar una pequeña montaña que ha sido mancillada para crear un empinado camino de piedras, y luego en cruzar riachuelos que acaban de formarse, y que por pequeños que sean llevan la fuerza del elemento clave para la supervivencia, la fuerza del agua.

Poco a poco va cesando la lluvia, nos vamos juntando, todos tenemos ganas de explicar nuestra vivencia, cómo yo estoy empapada de arriba abajo, cómo alguien se quedó rezagado y casi perdió al grupo, cómo otro buscaba entre sus pertenencias que no se le hubieran empapado sus objetos más valiosos, pero todos coincidimos en algo, esto no lo haces en ningún otro lugar, y esos son los regalos que te da el viajar, momentos irrepetibles que no podrás vivir nunca más, podrán parecerse pero jamás serán iguales, ni con las mismas personas.

Esa noche, ilusos de nosotros, colgamos toda nuestra ropa a secar… nos tomamos un ron casero, nos reímos un buen rato, pero al final caemos exhaustos, la lluvia nos ha dejado sin fuerzas. Al día siguiente todo sigue igual de mojado, así que toca enfundarse la ropa que tengas seca y las botas que chorrean agua. Pinta duro el último tramo. A mí se me han hecho ampollas, y aunque hay gente en un estado peor, el inicio se hace doloroso, poco a poco sin embargo encuentro fuerzas renovadas y el dolor desaparece, las botas comienzan a secarse y encontramos un pequeño local en el que tomar un descanso, tienen Coca-Cola fría, esto no podemos perdérnoslo.

El último día es duro, no se puede negar, caluroso y camino difícil, aunque paramos a visitar un mercado, y vamos pasando por casas y escuelas donde los niños no dejan de repetir “Mingalarba!” el saludo birmano, al que tú siempre les respondes de igual modo, si no hemos dicho la palabra cien veces durante el trekking no lo hemos hecho ninguna, eso significan cien rostros sonrientes y amables a los que no hemos podido resistirnos… Mingalarba!

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4 comentarios en “Trekking de Kalaw a Inle”

  1. Que bonito relato. La próxima vez que pise Asia, será en Myanmar.
    Ese momento caminando bajo la lluvia debió de ser un viaje dentro del viaje…
    Saludos!

    1. Gracias por tus palabras Iciar! 100% recomendable, y la lluvia aunque al principio es algo molesta, finalmente se convierte en una parte muy importante de la experiencia. Eso sí… llévate una bolsa estanca! 🙂

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