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Guía para ver Kioto

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Qué ver en Kioto y alrededores

Si Tokio enamora por su ritmo ecléctico, sus edificios y cómo es capaz de combinar modernidad y tradición, Kioto enamora aún más por su belleza pura. El Japón que tienes en tu cabeza lo encuentras aquí, las casas bajas de tejados hermosos, los templos majestuosos que brillan a la luz del sol, los miles de toris que desfilan a pocos centímetros y crean un efecto de eternidad e infinito… Kyoto es un billete al pasado de Japón, un viaje a una época pasada gloriosa que disfrutarás paseando por sus calles e intentando divisar a esas eternas mujeres llamadas Geishas.

Templos de Kioto

Ya os hemos hablado del tema de los templos… que ya no nos apetece mucho verlos después de tantos que hemos tenido la fortuna de visitar. Sin embargo, aquí no pudimos resistirnos. El pavellón de oro, el pavellón de plata… ¿también hay un pabellón de bronce? Si es así, no lo vimos; arquitectura y armonía enlazadas que delatan la filosofía japonesa, y asiática en general. La armonía lo es todo, no es de extrañar que los jardines Zen se encuentren también en alguno de sus maravillosos templos. Un buen amigo nos dijo un día que aquí se interesan más por la armonía que por la verdad… no hemos sido capaces de dilucidar por nosotros mismos si eso es así o es una percepción individual, lo que sí podemos asegurar es que cuidan la belleza en todos los detalles, y que un viaje a Japón es un viaje para tus ojos.

Templo oro

Sin duda, el lugar más impresionante de Kyoto es Fushimi Inari, aquí puedes recorrer una larga distancia, unos cuantos kilómetros, perdiéndote en el laberinto de toris (esas puertas rojas que sin duda son la imagen de Japón) que el santuario posee. Esas puertas que bien pueden transportarte al otro Japón, al de los Samurais, separadas las unas de las otras por pocos centímetros hace las delicias de cualquiera que las contemple. Piérdete solo entre sus miles de puertas, empápate del color rojo intenso, maréate corriendo por el pasillo infinito que crean y sentirás, por un momento, que el tiempo se detuvo y que tú has viajado en muchos sentidos.

Geishas en Kioto

Y no dejé de imaginarme cuán grandioso debió ser Gion en la época dorada desde que puse un pie en sus callejuelas antiguas con sabor a historia, las entradas de las casas por sí solas son dignas de contemplar durante horas, las cortinillas colgadas de sus techos que ocultan solo a medias los secretos de la ceremonia del te que dentro ocurren, y que las Geishas y Maikos se afanan por embellecer a su máxima expresión. A Gion uno no puede ir solo una vez, la primera estás tan absorto en todo lo que ocurre a tu alrededor que no prestas atención en los detalles, y sólo cuando ya te has marchado, te invade una profunda tristeza y sensación de añoranza que te urge a volver al día siguiente. Es entonces cuando puedes apreciar todos los detalles, cuando puedes centrarte en ser lo suficientemente afortunado como para encontrarte cara a cara con la mujer que ha mitificado a la mujer japonesa, la Geisha. Y tienes bastantes probabilidades de que eso te ocurra aquí, en su barrio, el barrio de Gion.

Los Bambús de Arashiyama

La ciudad de Kioto, donde todo pasa y donde no pasa nada, la ciudad milenaria, la ciudad bella, la ciudad que te enamorará… pero a las afueras de Kyoto no puedes fallar, Arashiyama te espera con su camino verde, un camino de cañas de bambú que te lleva a un bosque de bambú. Si la perfección de Japón la encontraste en Kyoto, aquí reafirmarás que la perfección no existe solo en un lugar, o que lo que creíste que era perfecto podía incluso mejorarse. Es cierto, el bambú no se encuentra solo en la isla de Japón, está presente en muchos lugares de Asia, pero… la intensidad, la grandiosidad, el esplendor y la luminosidad que ganan aquí, en este pequeño lugar a unos kilómetros de Kyoto y sus toris de color rojo, hacen que la lucha de colores tenga un nuevo impulso, así que ahora dudo entre si Kyoto es de color rojo o de color verde.

Camino de Bambu

En un momento creímos que podríamos habernos quedado en Kyoto durante el resto de nuestro viaje, porque siempre hay algún lugar a dónde ir o a dónde no ir, simplemente estar. ¿Alguna vez habéis tenido esa sensación? Viajar para estar, no viajar para ver…. Nosotros sí, pero aquí fue muy fuerte. Desde Kyoto puedes acceder a lugares tan bellos, tan increíbles, y a la vez tan cercanos que nunca tendrás la sensación satisfactoria de pensar que no te queda nada por ver, aunque nunca es así. El templo de Kurama-dera en Kurama, al que fuimos gracias a la recomendación de una gran enamorada de este país, Viajar Code: Verónica, no nos defraudó, montañas hermosas que rodean este lugar para dejarnos con vistas aun más impresionantes. Aunque uno de los mejores recuerdos que nos trajo la excursión a Kurama fue el viaje en tren, ventanales gigantes que te permiten contemplar aldeas de cuento gracias a que los asientos no miran al frente, sino directamente al paisaje, están volteados para que puedas contemplar la belleza de la zona.

Ay Kioto… Kioto, un lugar al que debemos volver, un lugar del que no puedes marcharte sin que una parte de ti se haya quedado allí. Como os contábamos al principio, Tokio te enamora, pero con Kioto quieres casarte, quieres vivirlo como un local, recorrerte la ciudad en sus fantásticos autobuses que te llevan de un lugar a otro de forma tan fácil, quieres comer en todos los restaurantes que tiene, quieres volver a intentar caminar por el camino de la filosofía, ese que no pudiste hacer porque ya había anochecido y no tenías más días, quieres respirarlo, quieres… quieres… ay, nos encanta Japón.

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2 comentarios en “Guía para ver Kioto”

  1. Uoooooooooo gracias por la mención pareja! me alegra que os haya gustado Kurama! ^_^ Un lugar especial muy cerca de Kyoto…
    Y me pasó como a vosotros, no me quería ir de ella, sencillamente me enamoró y tengo ganas de volver y callejear con mas calma.
    Un abrazo!

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