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taj mahal en india

Luna de miel en La India

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Primeras impresiones de La India

17 de Julio,  India, es un día caluroso y húmedo, esto, unido al inconfundible olor, unas veces agradable y otras no tanto, te confirma tu situación geográfica sin ningún género de duda. Nuestro primer destino en este país fue, quizás, la  obra maestra de la arquitectura de la humanidad, el Taj Mahal. Para llegar hasta allí, no se puede acceder de otra manera que no sea por tus propios medios, la razón es evitar el deterioro de tan impresionante monumento debido a la polución.

Todavía recuerdo el momento en que el chofer nos indicó cuál era el camino que teníamos que recorrer para poder, por fin, vislumbrar aquella obra de arte, un paseo de apenas unas pocas decenas de metros. Yo miraba por la ventana de aquel Ambassador color marfil… y lo único que veía era un pasillo, a mis ojos infinito, de donde no sabía cómo íbamos a salir. Pero era la única manera de ver una de las 7 maravillas del mundo.

Abrimos la puerta, salimos del coche y nos despedimos de nuestro amigo y conductor, Sunil, por unas horas. Lo que para él suponía un movimiento rutinario, para nosotros fue algo más parecido a una odisea; en ese momento, lo que había hecho Neil Armstrong hacía casi 40 años me parecía un paseo por el parque.

Allí estábamos, dos recién casados que no habían salido nunca de países que configuraban nuestra zona de confort, aquellos en los que pasas desapercibido o bien la gente no tiene tiempo para fijarse en ti. Eso no pasa en la India, en la India la gente tiene tiempo y ganas de conocer al extranjero. Justo entonces, apenas habiendo dejado la seguridad del vehículo en el que viajábamos, empezaron a rodearnos agramoneros con una inocente curiosidad, querían saber qué hacíamos allí y qué podíamos contarles del lejano lugar de donde veníamos. Al recordarlo, me viene a la cabeza una de aquellas liebres que, cuando de pequeño bajaba al pueblo de mis padres con aquel Ford Fiesta y la noche caía, se quedaba paralizada a la luz de sus faros. Esos éramos nosotros, dos liebres que, agarrotadas, no podíamos movernos de nuestro sitio.

A los pocos segundos, horas para mi cerebro, nos dimos cuenta de que no teníamos nada que temer. Obviamente había gente que se acercaba a pedir dinero, pero no eran en absoluto la mayoría, también se acercaba gente para preguntarnos de dónde éramos, qué hacíamos allí,… incluso alguno quería sacarse una instantánea con nosotros, simplemente querían algo tan sencillo como conocernos. Creo que si en ese momento hubiera habido una grabadora de sonido en nuestra mente, se hubiera escuchado un crack, el crujido que supuso romper con muchos prejuicios que teníamos inculcados por una sociedad más preocupada por llegar a los sitios que por disfrutar de cómo llegar a ellos.

No es correcto decir que en ese momento cambió totalmente nuestra forma de ver la realidad, pero sí podemos decir que fue “una pequeña experiencia en nuestra vida, pero un gran paso para cambiar nuestra mentalidad”.

Años después, agradezco que ese momento llegara, ya que en un futuro nos ha servido para saborear no sólo el final, sino también cómo llegamos hasta él.

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