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Viajar en pareja

Rapa Nui, la Isla de Pascua

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Aterrizar en la Isla de Pascua, o como a los nativos les gusta más, Rapa Nui, es un sueño hecho realidad. Cuesta creer lo diminuta que esta isla es antes de llegar a ella, pero la primera imagen que obtienes desde el avión resuelve cualquier duda. Ojalá se pudieran tomar mejores fotos desde un avión comercial para captar su dimensión y los colores del agua que choca contra esta tierra que como por casualidad emerge de este vasto océano llamado el Pacífico.

Viajar a Isla de Pascua

El primer contraste es la humedad en el ambiente, en ese momento te das cuenta de que has dejado un continente para llegar a una zona totalmente distinta, la mítica Polinesia. Sin embargo, ironías de este mundo, este territorio aislado en mitad del mar y a cuatro mil kilómetros de Chile pertenece oficialmente a la región de Valparaíso del país andino. Ésta ha sido nuestra gran pregunta a los locales, “¿Por qué sois chilenos?”

A diferencia de otras islas de la Polinesia, y exceptuando Hawaii, Rapa Nui con toda su identidad e idiosincrasia polinésica sigue resistiéndose a su propia soberanía, y ¿por qué no decirlo? con cierta resignación de sus habitantes. Pero no escribimos esta entrada para aburrir con temas políticos, es más bien una sorpresa inicial que nos ha acompañado en nuestro recorrido por Chile y que compartimos con algunos pascuenses para intentar arrojar luz sobre esta gran incógnita, desafortunadamente dejamos la isla sin tener una clara respuesta, primera lección: los nativos rapanui son muy misteriosos, exactamente como su isla.

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Describir qué se siente al encontrarte cara a cara por primera vez con un Moai es una ardua tarea, pero intentaremos transmitir las sensaciones que en nosotros afloraron en ese preciso instante. Perplejidad, asombro, ilusión, emoción, incredulidad… todos ellos adjetivos adecuados para un instante bastante especial en nuestras vidas. La majestuosidad que refleja esta talla de piedra de dimensiones importantes y lo que representa, la grandiosidad de un pueblo casi extinto, esta vez por fin sin que los españoles hayan pasado a la historia en este pequeño territorio por sus atrocidades; y cuando te enfrentas a la pregunta que aquí se respira en el aire “¿Cómo trasladaron estas pesadas estatuas por toda la isla?” y no concibes la manera, entiendes por fin el halo de misterio que envuelve y envolverá por siempre jamás a esta tierra habitada por gente mística y de gran corazón.

Sentir la libertad de conducir por las únicas dos carreteras que existen en la isla y completar el recorrido en un solo día… parar cuándo y dónde quieres… no ser atosigado por un conductor que sólo se preocupa por el reloj… es la manera de explorar la isla. Las indicaciones son tan fáciles que hasta nosotros supimos llegar a todos los enclaves que queríamos visitar, aunque no seríamos nosotros sino hubiera algún lugar al que llegamos por casualidad, como al importante Ahu Akivi donde se encuentran los únicos Moais que miran hacia el mar; estos representan a los 7 exploradores que llegaron desde Hiva (lugar mítico procedencia de los Rapanui) y es por este motivo que sus ojos, hoy ya perdidos, anhelan vislumbrar su hogar desde la nueva tierra a la que fueron enviados.

Curioso es que la Isla de Pascua, completamente bordeada por agua como corresponde a la geografía de una isla, sólo disponga de una playa, Anakena. Eso sí, playa de arena blanca y agua turquesa con un escenario de fondo majestuoso con varios Moai que le dan la espalda a este paraíso para los humanos. Y cómo no, al tratarse de una isla volcánica, dos de los puntos más importantes de la misma son volcanes.

El primero, Rano Raraku, es el hogar de la cantera, desde donde se esculpían todos y cada uno de los Moai que están esparcidos por la isla, visita obligada aunque un poco cara a la que una vez más llegamos por casualidad. Estando en el Ahu Tongariki charlamos con un guía que amablemente nos contó un poco sobre la isla, nos preguntó si nos dirigíamos hacia allí, ya que nos encontrábamos cerca y ante nuestra negativa quiso entender cómo no íbamos a ver lo que según él era uno de los mayores atractivos de Rapa Nui.

La entrada cuesta 30$, si no eres chileno, y no se puede comprar allí, únicamente en Hanga Roa, la única ciudad habitada de la isla, o en el aeropuerto, así que nos sugirió que probáramos suerte con el vigilante de la entrada al volcán, que a lo mejor nos dejaba pasar sin problemas si le contábamos que nos habíamos olvidado la entrada en el hotel. Como la sugerencia venía de un guía local pensamos que no sería tan difícil y nos animamos a intentarlo, no hubo que inventar ninguna excusa, el vigilante dormía plácidamente y pudimos acceder sin ningún tipo de control, aunque no es recomendable hacer esto si es uno de tus imprescindibles visitar la cantera, no resultó nada complicado y el riesgo mereció la pena. Ver cómo las caras a medio esculpir surgen de la tierra como si de una hortaliza se tratara, o encontrar belleza en el caos de cientos de Moais esparcidos sin ton ni son, algunos sin estar completamente extraídos de la roca donde nacieron, otros tumbados por causa de las inclemencias del tiempo y unos pocos intachables manteniendo la compostura mientras sus hermanos se han desmoronado, vale 30$ y más.

Sin embargo, dos momentos marcaron nuestros recuerdos favoritos para toda la vida. El primero, cuando de repente desde el coche empiezan a aparecer esas quince figuras una al lado de la otra y sientes la llamada de parar inmediatamente y acercarte como magnetizado hacia ellas. Una imagen absolutamente imprescindible para guardar en ese rincón de tu cabeza en el que recopilas esos momentos imborrables, que aunque a veces crees que queda poco espacio ya, no dejas de utilizar y cruzar los dedos para que no haya una pérdida de datos que sería imperdonable. Segundo momento, el atardecer más absolutamente maravilloso que hayamos presenciado jamás, y estamos incluyendo África, nuestro top hasta ahora.

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Sencillamente no hay palabras que hagan justicia a esos 20 minutos mágicos durante los que el cielo deja que seas espectador casual de un milagro. El ojo humano no está preparado para percibir tal cantidad de formas y colores que ese gran azul que nos observa desde arriba genera para despedir a su dios sol cada día, y como toque único al resto de atardeceres de todo el mundo, las negras siluetas de estos misteriosos hombres de piedra recortadas crean instantes a cada cual más bello. Había un susurro general en varios idiomas, pero básicamente todos expresaban “Oh dios mío…” Yo personalmente no dejaba de repetir “Esto es absolutamente increíble…”

Rapa Nui nos aportó momentos para la reflexión, momentos de búsqueda personal que el propio magnetismo de la isla te requiere. No hay lugar más misterioso que aquel en el que las preguntas no tienen una única respuesta… y son los propios nativos los que explican la propia contradicción de su cultura. A la vez que conocen su historia y cómo llegaron a esta gran roca volcánica emergida en esta gran masa de agua, desconocen muchas de las técnicas que utilizaron para la construcción de estos monumentos que pueblan la isla.

Tal vez, después de todo, no sea tan misterioso y simplemente quieran guardar el secreto para ellos, tal vez les guste que Rapa Nui sea conocida como la isla misteriosa y no como la Isla de Pascua, un nombre dado por gente que ignoraba el lugar tan especial que estaban a punto de robar, y que creyéndose dueños de todo aquello que pisaban le dieron un nombre absurdo, que el destino escogió coincidiera con una tradición religiosa de una cultura que no tenía nada que ver con los Rapanui.

¿Algo que recordar? La gran suerte que tuvimos de encontrar un lugar especial donde dormir, unas cabañas regentadas por una pareja local que además de ser encantadores, comparten con sus huéspedes momentos únicos, que te invitan a cenar en su jardín y te brindan la oportunidad de probar manjares como el ceviche o la carne asada en su barbacoa, que te cuentan su tradición de una manera fácil de entender, que te revelan su fórmula de la felicidad, que en definitiva te dan mucho a cambio de poco. Se encuentran en la calle Avarepui, paralela a la principal.

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9 comentarios en “Rapa Nui, la Isla de Pascua”

  1. Me alegro que hayas podido visitar uno de tus imprescindibles, Fran. Realmente el lugar parece mágico. Y gracias a tu redacción y a las fotos tomadas, ha habido momentos en los que parecía que estuviera allí mismo.

    1. Pues sí, uno de los imprescindibles cumplido, que bien se siente uno cuando ha podido ver algo que desde hace tiempo le rondaba por la cabeza. La redacción y las fotos es para intentar que vosotros podáis ser parte del viaje y vivirlo aunque sea de lejos.

    1. 365sabadosviajando

      Muchas gracias! Mínimo 4 días, es una isla chiquita pero con mucha paz y con rincones encantadores para descubrir. Un día entero para recorrer los yacimientos más turísticos donde se encuentran los Moai, otro día para subir al volcán en un trekking, otro día para disfrutar un poco de la isla en su vertiente más playera y otro día para descubrir con tranquilidad Hanga Roa 🙂 Eso es lo que haríamos nosotros al menos! Enjoy!!

  2. Buenas estamos pensando en nuestra luna de miel y acabar 5 dias y 4 noches en Isla de Pascua lo recomendaris como final de viaje de novios??

    1. 365sabadosviajando

      Hola Susana!

      Isla de Pascua es siempre recomendable, sobretodo como final a una luna de miel, es un destino super especial, os lo recomendamos 100%!
      Cualquier duda aquí estamos… y Enhorabuena!

      Un abrazo!

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