Vietnam…ese país que hacía tanto tiempo que nos pidió cita,tantas veces escuchado y visto en boca de otros, en fotografías ajenas, ese lugar de paisajes de otro mundo, de dragones y bambú, de gente con sombreros extraños, de campos de arroz interminables, de fauna exótica y de un constante ajetreo de motos y millones de personas. Por fin llegamos a Vietnam…

Un día en Ho Chi Minh

Tras pasar por la capital de Camboya, Phnom Penh, sin pena ni gloria, pero necesario para tramitar el visado para nuestro próximo destino, cogemos un bus hasta Ho Chi Minh City. Y tras unas horas ya podemos gritar eso de “Good morning Vietnam!” que, por cierto, tantas ganas teníamos de hacer. Ho Chi Minh es un monstruo de ciudad, gigante, con miles de todo, de personas (bueno, millones), de motos (también millones), de restaurantes, cafeterías, autobuses, y gente y más gente… Sólo comparable a Nueva Delhi en nuestra experiencia viajera. El autobús nos ha dejado en la calle más popular entre los mochileros, la calle Pham Ngu Lao, suerte para nosotros ya que es exactamente donde queríamos bajar, aquí se encuentran ubicados la mayor parte de hostels a precios económicos. Empezamos con buen pie.

Cambiando libros

Cuando uno recién aterriza en un nuevo país puede resultar un poco abrumador, con éste ya llevamos a nuestras espaldas 14 durante este viaje, y aunque pueda parecer que ya debiéramos estar acostumbrados, la verdad es que siempre se empieza desde cero. Despistado, medio dormido en la mayor parte de ocasiones, con cara de “dónde estoy?” y sin nociones del idioma, estás perdido! Amigo mío, déjame contarte un secreto, el primer día de tu nuevo país será una colección de errores… lo máximo a lo que puedes aspirar es a que sean errores enmendables y “baratos”. Pero podemos decir con alegría que esta vez, para nuestra sorpresa, casi todo vino rodado. Cierto es que Vietnam no tiene muy buena reputación entre los viajeros, hemos oído de todo, desde hurtos a gente desconsiderada o timos por doquier, pero nuestra experiencia fue del todo recomendable, de principio a fin, con algún disgusto que otro pero vamos… que eso es normal.

Así que después de encontrar guesthouse, buena bonita y barata, después de cambiar nuestra guía por una de Vietnam en el mismo hotel, aquí la íbamos a necesitar puesto que pasaríamos más tiempo de la media de los otros países, nos disponemos a explorar la ciudad. Estamos cansados sí, pero también deseosos de comenzar a caminar por Saigon. La primera parada es el Museo de Recuerdos de la Guerra, nos gusta mucho la historia, así que no se nos ocurre un mejor punto de partida que este memorial de lo que fue el evento más “reconocido” de este país, que sin duda es el gran perjudicado de una de las guerras en que más armamento bélico se ha utilizado. Respecto al llamado “Agente Naranja” fue el causante de más de un millón de víctimas, desde su utilización hasta ahora, de hecho hoy en día aun hemos podido ver los efectos de esta arma química en la gente, un recordatorio de la barbarie que sucedió aquí en los 60. El museo cumple perfectamente su función, dar a conocer los datos y efectos escalofriantes del sufrimiento del país, una serie de fotografías tomadas por corresponsales de guerra de muchos lugares están expuestas y por diferentes temáticas puedes llegar a hacerte una idea de cómo fue, y claramente de el error que se cometió, como en todas las guerras. Con el corazón encogido damos por terminada nuestra visita, y comenzamos a deambular por la antigua Saigon.

Pasado colonial de Saigon

Llegamos a una zona más tranquila, la ópera, el ayuntamiento, edificios que recuerdan la herencia francesa de lo que fue Indochina. Por un momento, y sólo si bajaras el volumen en tu cabeza, podrías pensar que estás en París, salvando las distancias, pero ya nos entendéis… Iglesias católicas, hasta incluso una pequeña Notre-Dame, sólo añaden confusión al viajero que acaba de aterrizar, Vietnam? Desde luego, no la imaginábamos así. Aunque es salir de esta zona y adentrarse en un nuevo mundo, el caos, el ruido, el jaleo, todo mezclado hasta que casi te explota la cabeza nos ha encontrado y parece que nos dice… “Ey! Esto sí que es Vietnam!” Pero sabéis qué? Nos gusta Vietnam, tal y como es, con su ruido y desorden, con sus voces, y con rostros que esconden una sonrisa tímida, pronto descubriremos la amabilidad vietnamita Decidimos regresar a nuestro hotel, ya ha anochecido, las luces han iluminado las calles, las luces de las miles de motos que recorren la ciudad. Mañana seguiremos nuestra ruta, conociendo con más profundidad el evento bélico, nos iremos a los túneles de Cuchi.

Los túneles de Cu Chi

A un par de horas de la gran urbe, se encuentran los túneles Cuchi, una extensa red de túneles cavados con herramientas muy rudimentarias durante décadas. Vietnam ha sufrido varias incursiones bélicas a lo largo de su historia, la de los 60 es la más conocida, pero no fue la única. Así que, contra todo pronóstico, los vietnamitas son gente muy bien entrenada en el arte de la guerra, con astucia, con inteligencia y con una gran colaboración y hermandad de todos sus habitantes, así es como este país ha logrado vencer en tantas ocasiones a ofensivas mucho más poderosas que él, como el conocido caso de la Guerra de Vietnam de los 60. Lo que descubrimos aquí, en los túneles, es el día a día de una guerrilla, cómo vivían, cómo utilizaban los túneles, cómo fabricaban las armas reciclando armamento estadounidense que encontraban, cómo despistaban a sus enemigos y sobretodo cómo conseguían ganar con un menor número de soldados.

Nuestros primeros días en Vietnam no han hecho más que abrir nuestro apetito, tenemos mucho por delante, y Saigon ya nos ha cautivado. Estamos empezando a entender cómo es esta gente de carácter especial, son orgullosos, son muy fuertes, de carácter y de físico, aunque no lo parezcan por lo delgados que son. Ya hemos tenido ocasión de ver en primera persona su amabilidad escondida, su mirada entre curiosa y burlona que te hace sospechar para luego acabarte riendo con ellos, hay que darles tiempo, tienes que darte tiempo, pero al final nos comprendemos.

Dejamos Saigón para conocer ahora una de las zonas más bonitas del país, el Delta del Mekong.

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