Hay viajeros que cuentan el número de países que han visitado como si tuvieran una lista de deseos y fueran tachando cada uno cuando creen que ya lo conocen… está bien, el pasaporte avala que pasaste por ahí con un sello bien majo, que incluso si eres afortunado no te ocupa una página entera. Sin embargo, hay otros viajeros que vuelven una y otra vez a ese lugar y aun consideran que no deben tacharlo de la lista. Es difícil saber a qué tipo correspondes hasta que no estás viajando, ¿porque a quién no le gusta pensar que ha pisado todos los países que el mundo ha confeccionado? Aunque si lo piensas bien ¿podrías tacharlo sinceramente de la lista?

Singapur es uno de esos países que algunos consideran país en sus cuentas y otros, sin embargo, como a una ciudad más. Es difícil pensar que exista un estado tan pequeño, por eso estuvimos sólo un día en Singapur, en realidad el país más pequeño del sudeste asiático con 700 Km2, pero Singapur tiene mucha historia, desde su fundación como puesto comercial perteneciente a la colonia británica hasta su independencia completa del Imperio Británico y de Malasia en 1865. Desde entonces ha llovido mucho, y ahora esta pequeña ciudad-estado puede hacer sombra a países con mucho más territorio propio.

Existen dos posibles situaciones la primera vez que entras en Singapur:

  1. Recién aterrizado con origen Europa
  2. Recién aterrizado/llegado con origen Asia

singapur de noche

En el primer caso, no te darás ni cuenta de que has cambiado de continente… es más, creerás que has viajado en el tiempo en lugar de en el espacio, literalmente. Te preguntarás si el avión ha pasado por algún tipo de túnel del tiempo o si formas parte de algún experimento extraño, porque lo que se abre ante tus ojos es una ciudad del futuro. No, no hay coches voladores, pero si por la noche paseas cerca del puerto, podrás observar unos hombres voladores! Son cometas, no te asustes…

En el segundo caso, creerás que has regresado sin saberlo a Europa, desde luego no tendrás ni idea de a dónde exactamente de nuestro continente, pero quedarás totalmente en estado de shock al ver el contraste tan grande que existe entre este pequeño país y el continente en el que está ubicado.

Hoy en día, Singapur acoge a gente de todos los lugares, cuando caminas entre sus calles puedes encontrarte cualquier nacionalidad, de hecho, la primera persona que nos ayudó con las indicaciones era de Reino Unido, un expatriado como se llaman a ellos mismos, y es que aquí en Singapur abunda este nuevo tipo de identidad que tanto estamos conociendo desde que partimos de nuestra Barcelona.

Para ver Singapur sólo hay que tener varias cosas claras, lo primero es que no te has dado un golpe en la cabeza y lo segundo es que te puedes gastar mucho dinero si no vas con cuidado. Si haces un viaje largo corres el riesgo de que sea tu destino final, así que deja tu billetero en el hotel, y por favor, esto es una súplica, come en los Food Courts! Lo notará tu cartera y tu paladar te estará eternamente agradecido.

Los imprescindibles son muchos, pero un día en Singapur puede ser suficiente si no eres vago, como por ejemplo pasear de noche, con todos los edificios iluminados, recorrer el mítico Marina Bay Hotel y todo el complejo centro comercial que está bajo sus pies, intentar “colarte” en su terraza para contemplar la impresionante vista de la ciudad y la nombrada “mejor piscina del mundo” sin tener que pagar los más de 25$ que cuesta la entrada para los no huéspedes. Maravillarte con el impresionante skyline iluminado desde uno de los muelles de la bahía, observar a los locales, cómo disfrutan de cada día en esta ciudad, que desde luego merece el adjetivo de futurística, y solo caminar… caminando encontrarás numerosas esculturas que te harán hablar con la ciudad, con sus orígenes, y descubrirás sin duda un lugar que no tacharías de tu lista.

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