La ciudad del Lago Inle, en concreto la zona donde están todos los alojamientos, Nyaung Shwe, es pequeña, sirve de base para aquellos que llegamos atraídos aquí por las idílicas imágenes de los pescadores de una pierna al amanecer, con sus puntiagudos gorros, con sus cónicas redes y con un remo que parece una extensión a su pierna. Y es que parece que sólo tengan una pierna, es la que usan a todos los efectos para remar, para mantener el equilibrio, para pescar… por eso los llamamos “Los pescadores de una pierna”.

Paseo en barca en el lago Inle

Todos sabemos que para ver los espectáculos más grandes de la tierra, hay que hacer sacrificios, y el nuestro viene siendo madrugar. Así que a las 5:30 AM ya estamos en el embarcadero, con varios de nuestros colegas de trekking que también quieren disfrutar de la visión de estos hombres, preparados para embarcarnos en un bote largo y estrecho que tiene espacio para 6 asientos individuales. Cámara en mano, palillos en los ojos y café en el estómago iniciamos la búsqueda del pescador de una pierna.

niebla

No es hasta que no pasan unos 20 minutos desde que salimos del pequeño puerto que empezamos a obtener instantáneas de estos hombres, héroes del equilibrio. Algunos con redes estándares, otros con redes más exóticas, esas que os contábamos antes, las cónicas, aunque en verdad son los menos. No importa, todos ellos cumplen la norma básica, su forma de remar que es la que les ha dado la habilidad de destacar frente a los pescadores de otros lugares, y es que nunca habíamos visto nada igual.

El ambiente ayuda a crear una estampa idílica, cómo nos gustan los amaneceres, con sus colores, con su silencio, con su tranquilidad, es la hora alegre para nosotros, los ojos se nos colman de recuerdos, la brisa nos trae un remanso de paz y las manos recorren la superficie del agua como queriendo hallar el secreto de estos hombres, tal vez se esconda en las aguas que les dieron la posibilidad de convertirse en lo que son.

Cuando el sol empieza a despuntar y la niebla baja a dispersarse podemos ver con más claridad el gran número de barcas que están faneando. Algunos son más tímidos y apenas se atreven a mirarnos, o tal vez están disfrutando de su hora feliz también y no quieren interrupciones. Aunque a otros no les importa que nos acerquemos y observemos cómo trabaja, parece no notar si quiera nuestra presencia, mientras con su pierna-remo dibuja círculos en el agua y comienza a desaparecer entre la niebla que aun anda por los alrededores.

El resto del día, con más calor que ningún otro día, lo pasamos visitando los alrededores del lago, y es que aquí hay de todo. Se podría decir que el pueblo está y vive en el lago, con sus casas flotantes, con sus coches-barca para desplazarse, con su mercado flotante lleno de vida, de peces, de colores, de frutas, de gente, de niños, de bullicio y de felicidad.

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