Tenía que llegar el momento algún día de decir adiós a Malasia… y ese día llegó. El día 28 de Mayo nos despedíamos de este gran país en el que permanecimos más de un mes, un hito para nosotros. Todo se sucedió muy rápido, ya es mítica nuestra dificultad al salir de un país, siempre, por H or por B, surge algún problema de última hora que nos supone un cambio de planes precipitado, en este caso el golpe de estado en Tailandia.

En tren por Asia

Toda nuestra ruta por Malasia estuvo pensada para terminar justo en la frontera con Tailandia, por eso cuando volvimos a Kota Baru desde Borneo, nuestra idea era cruzar por el sur del reino Tai, y lo íbamos a hacer en tren. Y entonces es cuando declararon la ley marcial y el consiguiente golpe militar. Podríamos haber cruzado, ya que todas las noticias hablaban de tranquilidad hacia los turistas, pero entre que nosotros no estábamos muy convencidos y la señal que el destino nos regaló, optamos por cambiar de planes.

Cuando fuimos a la estación de tren de Alor Setar el día anterior a nuestra marcha, nos dieron mucha información sobre el tren que nos llevaría directamente a Tailandia, sin problemas, en unas pocas horas estaríamos a distancia de la zona más problemática del país vecino. Sin embargo, al día siguiente, cuando nos disponíamos a comprar nuestros billetes… la información ya no era tan clara, debíamos cambiar de tren al pasar la frontera y sin seguridad alguna de que hubiera billetes para continuar nuestro trayecto a la zona más segura, ya que el sur de Tailandia ha sufrido algún que otro susto en los últimos años. Ya una vez desafiamos al destino, aquella moneda al aire que nos dijo que no fuéramos a EEUU (donde posteriormente tuvimos el accidente con la caravana) planeaba ahora en nuestras cabezas, así que nos cogimos un tren hasta Kuala Lumpur de nuevo, para desde allí poner rumbo a un país que teníamos en mente pero que no sabíamos exactamente ni cómo ni cuándo ir, Myanmar.

¡Y qué tren! Como el trayecto era nocturno, decidimos reservar cama para poder dormir algo, la verdad es que moverte en tren por Asia, al menos en Malasia,  es bastante cómodo, con aire acondicionado y muy tranquilo. Así que, aunque el paisaje era oscuro y no pudimos ver nada, dormimos plácidamente hasta llegar a la capital. Allí nos esperaban unas jornadas un poco estresantes, ¡teníamos que planear todo nuestro viaje a la antigua Birmania para conseguir nuestro visado!

Entre tanto volvimos a saborear Kuala Lumpur, esta vez ya éramos expertos en esta ciudad, no hacía falta volvernos locos para ubicarnos, no hacía falta correr para tener tiempo de ver los lugares que no te puedes perder, y no hacía falta turistear… Cuando vuelves a KL, es como volver a casa, cuántos viajeros de largo término vuelven una y otra vez a su base de operaciones, como ellos la consideran. Vuelves a corretear por sus calles, ya no tienes miedo de perderte, aunque te pierdes por ellas, ahora eliges a los lugares a los que ir, aquellos que más te emocionaron, aquellos en los que comiste de lujo, o simplemente aquellos a los que quisiste regresar.

Lo bueno de volver a un lugar al que pensabas que no volverías es que ya lo tienes todo hecho, y todas tus elecciones son tuyas, y no de tu guía.

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