Todo empezó en Malasia, cuando aún no sabíamos en qué consistía eso del “Slow Travel”. Tal vez algunos nos considerarais aventureros antes de emprender esa idea loca de dar la vuelta al mundo que se nos metió entre ceja y ceja, pero si de algo nos hemos dado cuenta es de que no lo éramos, hasta Asia. Este continente te fuerza a sacar toda la esencia de aventurero que haya en ti, no nos malinterpretéis, no es en un sentido negativo, sino todo lo contrario.

Hay muchos factores que se mezclan cuando llegas a este territorio tan lejano de la vieja Europa. El más determinante es, sin duda alguna, el calor, sí, sí… como lo oyes. Al calor debes incorporarle una dosis de gran peso a tu espalda, algo de alimentación poco variada, una sensación inagotable de sed y muchas horas de sol bajo tu cabeza. Es decir, físicamente es agotador. Sin embargo, aun con todos estos factores pesados de acarrear, tu viaje mejora sustancialmente cada día que pasa, porque en Asia no sufres tanto con otro tipo de problemas, y porque en Asia todo te parece increíble, bueno, bonito y barato.

Melacca, ciudad Patrimonio de la Humanidad

Tras una isla vacacional y turísticamente explotada Bali, y dos grandes y cosmopolitas ciudades, ni más ni menos que Kuala Lumpur y Singapur (la rima no es a propósito), nos adentramos en la Asia, en este caso Malasia, menos transitada. Primera parada, Melacca, ciudad Patrimonio de la Humanidad, seguimos en nuestra línea de Couchsurfing, hoy una pareja de irlandeses asentados en esta joya cultural de Malasia nos abre las puertas de su casa, y nos da una gran lección de lo que un aventurero, aventureros en este caso, es en realidad, y sobre todo de cómo enfrentarse a la vida siempre con una sonrisa, siempre. A Claire y Keyran siempre les estaremos agradecidos por esa gran lección, que seguro hizo mella en nosotros como poco a poco vamos descubriendo.

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Ya dijimos alguna vez que las ciudades no son nuestro fuerte, pero sí que dejan algo siempre en nuestro camino, como el recuerdo de una estupenda comida China en, como no, Chinatown, buena, bonita y barata (disculpad el tópico, pero es que es cierto), o el aire portugués que sigue teniendo tras tantos siglos desde que fuera ocupada por los lusos, desde luego es curioso encontrar una carabela museo en una ciudad fuertemente islámica o un molino de agua, remanente de la también ocupación holandesa, como escenario fotográfico para turistas sosteniendo una pitón. Sí, es cierto que Melacca es ahora un lugar muy turístico, pero de ella nos llevamos recuerdos imborrables, no por la ciudad en sí, sino por la gente con la que nos cruzamos, porque fue el comienzo de unas mentes más aventureras y porque desde Melacca empezamos a comprender que puedes mirar al sol, cuando crees que te está derritiendo junto con el plástico de tu mochila, con una sonrisa en la cara.

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