Valparaíso tiene un encanto especial, es sucia, no huele a rosas, por la noche es incluso peligrosa, pero  ¿a quién no le gusta una ciudad alegre, con obras de arte pintadas en cada rincón? Desde Santiago se llega en unas dos horas en autobús, uno de los transportes más caros en Chile como os contamos en Cuánto cuesta viajar a Chile y a Isla de Pascua, y es el lugar, junto con Viña del Mar, a donde los lugareños de la gran ciudad se escapan para desconectar y bañarse en el mar.

Visita a Valparaiso

Pía, una chica de Viña del Mar nos acogió en su casa y nos hizo de guía por las dos ciudades, fue estupenda y nos dejó hacer la colada! Algo que le agradecimos en el alma, junto con ella y con Ana, una brasileña que a la que también acogió Pía, nos dispusimos a recorrer los cerros de Valparaíso, que es donde realmente se encuentra el encanto de esta ciudad bañada por el océano pacífico. Valparaíso es el  principal puerto de Chile, y a donde llegan muchos de los cruceros que surcan el Pacífico; sin duda nos esperábamos una ciudad más moderna y más cuidada, pero a pesar de ello, es una de las ciudades más originales que hemos visto nunca.

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El cerro más emblemático es el llamado “Cerro Alegre”, y su nombre lo dice todo. Esta colina es una de las más bellas de Valparaíso, todas y cada una de sus paredes están coloreadas y los dibujos son realmente preciosos, la mayoría son representaciones míticas de dioses nativos o de tribus indígenas. Es como recorrer un museo al aire libre, de todas formas el cansancio puede llegar a vencerte… a no ser que subas en los ascensores que la ciudad tiene repartida por todos sus cerros, que son muchos. Cuando ahora recordamos Valparaíso no podemos más que reír, ya que disfrutamos de dos días magníficos y llenos de risas con Ana y Pía. Tomamos Pisco Sour, una bebida típica de Chile muy rica y con una alta graduación de alcohol! Así que no os dejéis llevar por su rico sabor porque con solo dos copas ya empiezas a notar porqué es una de las bebidas preferidas de la juventud chilena, también probamos las “chorillanas”, un plato muy similar a los huevos rotos tan famosos en nuestro país.

Tras subir escaleras y escaleras, encuentras la soledad de un callejón que parece poco transitado y donde un cartel colgado a la pared reza “Alfajores caseros”, la gula más que el hambre te apremia y te dice que quieres uno. Pero la puerta está cerrada, y cuando ya empiezas a resignarte, alguien entra en esa calle que habías adoptado como tuya, pica a la puerta de debajo del cartel y cual contraseña secreta dice “Quiero un alfajor, por favor” tú lo estás viendo todo desde unos escalones más abajo, ya que este callejón está conformado por escaleras, así que desde tu perspectiva sólo ves una bandeja repleta de alfajores que, como si fuera un robot, se desliza desde la puerta hasta alcanzar la mano de la persona que solicita el dulce. En ese momento sólo piensas en hacer lo mismo, así que cuando vuelve a cerrarse la puerta, es tu turno para recibir un manjar como caído del cielo. Así es Valparaíso, curiosa y con un encanto especial.

Viña del Mar

Algo que nosotros no sabíamos es que ambas ciudades, Valparaíso y Viña del Mar, están unidas por el metro, por lo que es muy fácil dormir en la tranquila Viña del Mar, donde reside la mayoría de los trabajadores de Valparaíso, y visitar ésta durante el día. Sin embargo, también puedes llegar caminando de una ciudad a la otra a través del paseo marítimo, de esa manera puedes conocer la costa tan espectacular que el Pacífico te ofrece y encontrarte, cuando menos te lo esperas, a una manada de leones marinos que toman el sol  en un muelle olvidado. Nos quedamos un largo rato observándolos sin más, mientras unos peleaban, otros se bañaban en las frías aguas muy cerca de nosotros.

Y con este buen sabor de boca nos vamos a nuestro siguiente destino en Chile, una ciudad costera llamada La Serena, y recomendada por todos los chilenos con los que habíamos hablado. Una vez más volvemos a tomar un bus nocturno que, sorpresa para nosotros, nos dejó en la ciudad a las 5 de la mañana! Tuvimos que hacer tiempo porque el chico que nos dejó estar en su casa estaba durmiendo, lógicamente, así que os podéis imaginar que el día para nosotros fue muy cansado, por supuesto fuimos a pasear y llegamos hasta la playa, bonita pero no espectacular… también visitamos un pequeño zoo gratuito en un parque y pudimos observar por primera vez a las llamas, a muy pocos centímetros de distancia, si no les caes bien te escupen! Pero por suerte, nosotros debimos hacerles gracia puesto que se dejaron fotografiar con nosotros.

La ruta de las estrellas del Valle del Elqui

Al día siguiente, el día de los enamorados, nos decidimos a dejar la ciudad para adentrarnos en el Valle del Elqui y realizar una ruta de todo el día parando en todos los pueblecitos de esta “Ruta de las Estrellas”, llamada así por ser famoso el cielo de este valle, parece ser que es el más claro del mundo y donde existen varios observatorios. Tomamos un bus local que nos llevó durante unos 130 kilómetros hasta Pisco Elqui, un pueblo famoso por sus pisquerías, donde se realiza el pisco, durante todo el trayecto puedes observar la gran cantidad de viñedos, muy similares a los que encontramos en Cataluña. De ahí vas bajando unos pocos kilómetros, esta vez utilizamos la carta del autostop que te da más libertad de movimiento, y de esa forma pudimos recorrer todos aquellos pueblos que atraían nuestro interés, como el pueblo donde se encuentra enterrada Gabriela Mistral, Montegrande, o El Molle famoso por sus dulces.