Villarrica fue antaño el lugar favorito de Chile del turismo internacional, pero poco a poco ha quedado relegado a un segundo lugar, ya que la vecina villa de Pucón ha logrado acaparar toda la atención. Por casualidad llegamos a Villarrica en lugar de a su vecina y nos dimos cuenta en seguida de que habíamos acertado. Si bien Pucón está repleta de turistas adinerados y de chilenos con la misma suerte, en Villarrica encontrarás a mochileros y a gente local de verdad. A posterior podemos asegurar que las dos ciudades ofrecen iguales condiciones de restauración y actividades, sin embargo en una el dinero de tu bolsillo se vaciará antes que en la otra.

Qué ver en los alrededores de Villarrica y Pucón

El encanto no lo encontrarás ni en una ciudad ni en la otra, sino en sus alrededores; el sur de Chile es vegetación y lagos, volcanes y lluvia, paisajes alucinantes… y merece la pena dedicar un día a visitar los principales atractivos. Con eso en la cabeza nos decidimos a contratar una excursión que nos llevara por toda la zona en Karina Tour. Hasta entonces nos habíamos dedicado a recorrer Chile casi sin prestar atención, cuando comienzas a andar a veces pierdes la perspectiva y, cual burro persiguiendo una zanahoria, emprendes marcha una y otra vez, con la sensación de estar perdiéndote algo.

Así que como contratar un coche es realmente caro en Chile, nos pasamos al lado oscuro y emprendimos marcha con un grupo a pasar el día. Si bien es cierto que no somos muy aficionados a este tipo de excursiones, nos vimos atrapados entre realizarla o de nuevo pasar de largo… la decisión estaba clara, y finalmente resultó ser una experiencia agradable. Lo primero que pudimos observar fue el volcán Villarrica, uno de los volcanes más activos de toda Sudamérica, la última erupción que resultó trágica fue en 1971, según nuestro guía nos confesó, llegamos a pasar por zonas en las que la lava arrasó todo lo que encontró a su paso, aún podías contemplar cómo la tierra era gris y sin vida.

Ojos de Caburgua

Ojos de Caburgua

El resto del día prosiguió visitando lagos y cascadas, los Ojos del Caburgua que es un pequeño lago del cual se desconoce la fuente, aunque existe la teoría de que su proveedor es el lago Caburgua, los chilenos en un intento de poesía lograron este original nombre para un lago, por ahora, huérfano. Justo en el mismo sendero te adentras unos cientos de metros y contemplas la Laguna Azul, un pequeño paraíso de agua azul cristalina en el que te darías un baño, si no fuera por las restricciones que existen al respecto.

Tras muchas curvas y varias siestas llegas a los lugares donde se encuentran las cascadas (o saltos como ellos las llaman) que hacen las delicias de todos los del grupo. El Salto Palguin, el Salto León y el Salto La China, cada uno con sus características te llevan a un lugar mágico en tu mente, que se llama relajación. Contemplar cómo esa gran masa de agua se convierte en un velo blanco que confluye en un oasis de agua azul en la que puedes apreciar todas y cada una de las piedras que conforman su fondo, genera que instantáneamente tu cuerpo descanse y se olvide de todo, simplemente para contemplar la belleza que existe en nuestro mundo, una belleza que no ha sido creada por el hombre, sino por los millones de años sin que la mano del ser humano haya podido estropear esa belleza singular que nos ofrece la naturaleza.

Y como colofón la excursión termina en unas termas, las de San Luis, donde mayoritariamente familias chilenas van a pasar un día de sus vacaciones. Resulta que Chile está repleto de volcanes, algo que nosotros desconocíamos, por lo que es muy común que en cada zona de este país encuentres unas termas a las que ir a disfrutar de un baño de agua caliente, a unos 38 grados, en medio de un ambiente inigualable, rodeado de chilenos y de unos paisajes espectaculares.

De Villarrica nos llevamos sobre todo los paisajes, y una experiencia muy agradable en la hospedería de la señora Margarita, una mujer fuerte que ha labrado un buen futuro a sus hijos trabajando duro. En cuanto llegamos a la terminal de autobuses desde Valdivia, Margarita nos “abordó” preguntándonos si necesitamos hospedaje, como era así nos llevó hasta su casa, porque las hospederías son casi como alojarte en casa de un amigo, sólo que con aspecto de hostal.

Nunca habíamos utilizado este tipo de alojamiento, pero en Chile es algo muy común, sobre todo en los lugares más pequeños, como éste.  Tienes una habitación para ti, y compartes el resto de la casa con todos sus habitantes, los familiares y los inquilinos como nosotros. Allí coincidimos con una pareja de Santiago, con los que estuvimos charlando animadamente de todo un poco, junto con Margarita y su familia. Algo nos quedó claro, los chilenos sienten un gran orgullo por su patria, y aquellos españoles que hace 500 años llegaron a sus tierras aún están presentes en sus cabezas aunque, eso sí, son muy amables con los extranjeros, incluidos esos españoles descendientes de los “conquistadores”.

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