Nuevo país, Bolivia, algo imprevisto en nuestra ruta. Prácticamente acabamos de comenzar pero ya nos hemos dado cuenta que la ruta era solo una vaga idea de lo que finalmente íbamos a hacer, lo habíamos imaginado pero no pensábamos que habría tantos cambios, y es que ahora vemos que los planes se hacen al andar. ¿Por qué Bolivia? Enric y Cèlia de Quaderns de Bitàcola ya nos habían hablado de las maravillas que albergaba este pequeño país que nosotros habíamos dejado fuera de nuestra idea inicial, pero conforme te vas acercando a los lugares de los que tanto has oído hablar empiezas a sentir el gusanillo de verlos con tus propios ojos, y estando tan relativamente cerca, acabas cediendo a tus impulsos, esto es lo que sucedió con Bolivia, y en concreto con el Salar de Uyuni.

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Tour al Salar de Uyuni de Bolivia

Desde San Pedro de Atacama tomamos un tour que nos llevó junto con 4 viajeros más hasta el Salar de Uyuni durante 3 días. Una vez pasada la frontera y con nuestras provisiones de Té de coca (indispensable para no sufrir mal de altura) empezamos a descubrir unos paisajes únicos. Cómo describirlos es un reto, porque nuestros ojos europeos no están acostumbrados a tal diversidad de colores, olores, y territorio inhóspito como los que íbamos a recorrer. El primer día las lagunas te sorprenden, la Laguna Verde y la Laguna Colorada rodeadas de un vasto desierto pero a una altura de casi 5000 metros sobre el nivel del mar. Sus nombres corresponden al color de sus aguas, que el viento va pintando a su antojo.

Un descanso merecido en las aguas termales es indispensable, imaginaos quedarse en bañador con un viento gélido y continuo a esa altitud, luego imaginad probar la temperatura del agua con vuestro pie y sacarlo de inmediato porque el calor es demasiado! Pero eso es solo un segundo, cuando por fin decides meterte en el agua, ya no quieres salir. Es una piscina natural en un lugar inmejorable, allá a donde alcanza tu vista solo ves polvo y montañas a lo lejos, una sensación realmente relajante unida a la temperatura de cerca de 35º del agua.

Y el espectáculo de los cientos de flamencos que se reúnen en la Laguna Colorada. Allí se cría un alga, la que da color a la laguna, que es el alimento esencial de estas aves, con lo cual disfrutan introduciendo su curvado y rosado pico en los pocos centímetros de profundidad del agua para extraer ese manjar que vienen buscando. Es curioso cómo podrías quedarte durante horas simplemente observándolos, unos volando a ras de las rojas aguas, otros hambrientos cerca de la orilla y unos pocos más creando figuras extraordinarias como si supieran que su imagen quedará congelada para siempre.

Al día siguiente sigues recorriendo más lagunas, una hedionda (por su olor) y otra recordada siempre por un picnic peculiar. Los seis, dos neozelandeses Leonard y Jacob tratando de aprender en tres días todo el español que puedan, y dos compatriotas del País Vasco Javier y Asun son compañía excelente para un lugar con el mismo calificativo. Juntos admiramos los bellos paisajes que suceden a nuestro alrededor y juntos nos maravillamos con ellos. El desierto de Dalí, tal vez con un nombre algo forzado, ofrece una visión muy curiosa, como si de magia se tratara una serie de piedras gigantes de distintas formas ocupan un diminuto espacio en medio de la nada, y un poco más adelante piedras aún más impresionantes, entre ellas el famoso Árbol de Piedra, se presentan desordenadas para reivindicar que el desierto no es solo arena y dunas.

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Y emprendemos ya el último y más esperado día, sin duda el espectáculo final es el más deseado, ¿y por qué no decirlo? El más asombroso y el que da nombre al tour que todo el mundo quiere hacer. Aunque un alto en Cementerio de Trenes nos explica cómo antiguamente la vía férrea era el medio más utilizado, y cómo ésta fue muriendo y quedó olvidada en este tenebroso lugar, el que sin duda por la noche sería una escenografía increíble para un film de terror. El salar es algo difícil de olvidar, es algo difícil de describir y sin duda algo difícil de ignorar. Esa infinita superficie blanca sobre la que no hay absolutamente nada, en la que a lo lejos se observan unas montañas que cuando el salar está inundado con apenas unos centímetros de agua se reflejan cual espejo sobre el salar. Ese campo blanco, que a la vez hace de escenario perfecto, en el que dejar volar tu imaginación es un deber para el alma y para garantizar un buen rato entre amigos, ése es el Salar de Uyuni, en este caso no hay mejor descripción posible que la que se muestra a través de los ojos.