Aeropuerto de El Calafate, las 12 de la mañana. Aterrizamos por primera vez en nuestra vida en un lugar nuevo sin saber dónde dormiremos esa noche, aún estamos empezando nuestro viaje, así que estamos inquietos, el uno tranquiliza al otro y viceversa pero en el fondo cada uno piensa “¿Y si no encontramos alojamiento? Aquí hace algo de frío…” Pero esos miedos son infundados, cada día que pasa nos damos más cuenta de que el mundo mochilero funciona así, y ¿sabéis qué? ¡Que no pasa nada! Siempre se encuentra algo, obviamente no llegues a las 12 de la noche a un lugar sin alojamiento porque puede que lo pases un poco mal, pero si tienes tiempo… disfruta de la experiencia, de la adrenalina y descubre dónde están tus límites, te sorprenderás.

El Perito Moreno

¿Y qué hay en El Calafate? Puede que uno de los lugares fríos más bonitos de la Tierra, y seguro uno de los lugares más visitados del mundo, el Perito Moreno. Se trata de un glaciar cálido, ya que se encuentra a muy poca altura respecto al nivel del mar, de todas maneras y aunque sea verano aquí, frío hacía! Nosotros optamos por contratar una excursión, que nos vino de maravilla! La empresa con la que realizamos la excursión, Hielo y Aventura, es la única agencia que te lleva a hacer un mini trekking por encima de este imponente glaciar, en cuanto leímos sobre la posibilidad supimos que teníamos que realizar esta increíble experiencia. La verdad es que no teníamos ni idea de qué esperar, pero todo lo que se abrió ante nuestros ojos fue mucho más de lo que habíamos imaginado.

Vista desde el mirador

Vista desde el mirador

Cuando llegamos al Parque Nacional Los Glaciares, se encuentra un mirador construido con una serie de pasarelas que te dan la posibilidad de realizar varios senderos de distintos niveles de dificultad. Está muy bien indicado y nada más asomarte ya puedes disfrutar de las vistas que te ofrece esa gran masa de hielo. Sin embargo, y aunque pueda parecer mentira, hay un sentido que te llega a emocionar más que el de la vista… y es el del oído. La primera vez que lo escuchas no sabes qué puede ser y, en cierto modo, te asustas, ya que parece una gran explosión, pero no es otra cosa que los sonidos de la naturaleza, los pequeños trozos de hielo crujiendo al desprenderse de su madre, el Perito Moreno.

Más tarde cuando cruzas el Brazo Rico, la zona por la que llegas hasta el glaciar, vas encontrando esos pequeños huérfanos que quedan flotando sin rumbo y solos en el inmenso Lago Argentino. Sin duda, es uno de los mayores espectáculos de la naturaleza.

Es curioso cómo tu mente despierta ante la posibilidad de ver con tus propios ojos el momento del desprendimiento, es casi como asistir al nacimiento de un retoño. Porque ya no te basta con escucharlo, quieres fotografiarlo, quieres olerlo, quieres percibirlo con todos los sentidos de los que dispones, y cuando estás ascendiendo por una de las pasarelas para obtener una mejor vista y escuchas la explosión y el consiguiente “Ohhhh!!” de aquellos afortunados que han sido testigos del momento, te quedas congelado durante unos segundos, esperando de algún modo notar algo que los demás no hayan podido percibir. Y continúas una y otra vez atento al escenario que la naturaleza te brinda la oportunidad de asistir, hasta que por fin lo máximo que llegas a ver son los últimos instantes de la ansiada espera, gracias a uno de esos crujidos que anunciaban el espectáculo que venía a continuación. Y ese… es el momento perfecto, cómo ese pedazo de hielo cae y genera olas a su alrededor, y poco a poco va deslizándose lejos del alcance de su madre, que sobrecogida ve cómo otro más de sus hijos abandona el hogar porque llegó la hora de dejar su lugar a otro.

Playa de Hielo

Playa de Hielo

Pero este tan sólo es el inicio del día, porque cuando por fin llegas a la otra orilla, y sientes más cerca el frío que el hielo desprende, un frío que a la vez es cálido, la emoción de encontrarte a poca distancia de uno de los grandes, en cuanto a naturaleza se refiere, es algo indescriptible. Al llegar te asignan a un guía que te lleva por un camino impresionante, podríamos describirlo como una playa… pero contrariamente a la imagen que automáticamente tu cerebro te refiere, te encuentras ante una playa de hielo, todo el mundo se acerca a mojar sus manos en la orilla, porque saben que la misma formó parte en algún momento del glaciar. Estamos impacientes, queremos llegar ya al hielo, tocarlo, pisarlo… Aunque antes debemos prepararnos, ¿cuántos de vosotros podríais caminar por el hielo sin resbalar?

Ninguno, hay que enfundarse un calzado especial de hierro terminado en unas puntas que se agarran a él, se llaman crampones, y hay que aprender a caminar con ellos puestos. El guía te da varios consejos pero no es hasta que llevas un rato con ellos, que empiezas a sentir que ya no haces el ridículo caminando como un pingüino, aunque en realidad sí lo haces, sólo que tienes otras cosas en las que maravillarte y eso se te olvida, bueno… lo recuerdas cuando ves las fotos!

Y cómo describir el glaciar desde dentro, es realmente algo que sorprende. Es precioso, el intenso color azul que apenas percibías desde las pasarelas, se torna en el azul más bonito que tus ojos han presenciado nunca. Las pequeñas pozas que las grietas del hielo generan, y las culpables de que el glaciar se deshaga, son tan preciosas como peligrosas… La profundidad a la que llegan podría asustarte. Simplemente hay que seguir en fila india al guía, con la cámara en mano y sin perder detalle de lo que este sorprendente paisaje que la naturaleza nos ha regalado, puede ofrecerte, recuerdos imborrables en tu memoria, y para ayudar a que la experiencia sea única, terminas con un copazo de whisky bañado en hielo del propio glaciar… y un alfajor, para que siempre recuerdes que el Perito es Argentino.