Seguimos narrando nuestras experiencias con “The Adventurer” en Namibia…

La Costa de los Esqueletos de Namibia

En nuestro camino hacia Swakopmund, la ciudad creada en “Las puertas del infierno” como denominaron los portugueses a esta costa de Namibia, encontramos la famosa Costa de los Esqueletos, nombre embriagador y a la vez macabro. La historia cuenta que el nombre viene dado por la cantidad de huesos que llegaban a las playas, ya fuera de ballenas que encallaban o de pobres marineros naufragados sin un destino muy halagüeño, ya que llegaban a pleno desierto de Namib sin posibilidad de sobrevivir en esas condiciones. Hoy en día pueden aun verse los restos de los pecios, algunos semi enterrados entre las numerosas dunas que cada año ganan terreno al mar y que son, en parte, las causantes de tantos naufragios, de otros casi no queda nada y, sin embargo, existen algunos naufragios más recientes, a pesar de los avances tecnológicos, como el que pudimos observar de cerca a poca distancia de Swakopmund.

Swakopmund

Si suena a alemán y parece alemana… Swakopmund, una de las ciudades más extrañas que hemos visitado. Lo extraño no es que parezca una ciudad alemana, y estamos en continente africano, lo extraño no es que esté repleta de adornos navideños, de hecho estamos ya en diciembre y aunque a nosotros no nos lo parezca, la Navidad está al caer y aquí también se celebra, lo extraño es su ubicación, en medio del desierto. Sin embargo, Swakopmund atrae a mucha gente, a muchos turistas, y a muchos otros que quedan hipnotizados por este pueblo extraño y deciden quedarse aquí a vivir.

Algunos de ellos montan un negocio, uno de aventura, en el que puedes hacer casi cualquier cosa, Quad por el desierto, paracaidismo, y algo que, a priori, parece más sencillo, y que por este motivo escogimos nosotros, Sandboarding. Este deporte de aventura es, en realidad, un derivado del Snowboarding, sólo que cambiamos la nieve por la arena. Como no somos grandes expertos en estas labores, nos decidimos por probarlo estirados, y la adrenalina empezó a surgir a borbotones. A más de 75 Km/h en alguna de las bajadas y, aunque dure apenas unos segundos, la experiencia marca, sobretodo si no sigues las indicaciones de tu instructor, puedes acabar gravemente embadurnado de arena! Nos divertimos mucho, nos cansamos bastante, es lo que tiene subir una y otra vez esa duna infernal que has bajado a 50 Km/h en apenas unos segundos, que te toca subirla de nuevo… Pero para eso está nuestro hotel, el Hotel a La Mer, que te permitirá disfrutar de la tranquilidad y curar tus doloridos huesos después de tus actividades aventureras.

Windhoek

Después de unos días libres en la capital de la aventura, nos marchamos a la capital oficial. De nuevo en casa, en nuestro Chameleon Backpackers, esperando próximo destino en un par de días, aprovechamos para descubrir un poco más a fondo sobre la historia de este país, del que hasta ahora poco sabíamos. Realizamos un tour “El Tour por la ciudad y los suburbios”, y nos ilustran con datos abrumadores sobre el Apartheid, tal vez sea más conocido en el país vecino al sur, pero aquí se vivió de igual o peor modo, más callado, más en silencio. Lo positivo del asunto es que aquí la gente parece haber superado mejor esa horrorosa fase de su historia, parece que se alegran de hablar alemán, parece que se alegran de convivir con la otra raza, aquella que les hizo sufrir hasta niveles insospechados, parece que aquí, en Namibia, saben perdonar.

niños en windhoek

Queremos aprovechar también nuestra estancia en la capital para acercarnos a la población local, y por ello nuestros amigos de Chameleon nos llevan a conocer a una fuerte mujer con la que colaboran. Ella, Monica, cada día cocina en su casa para casi 500 niños de las zonas más desfavorecidas de Windhoek. Utilizando como transporte los taxis, transporta toda la comida a uno de los suburbios donde tiene un pequeño local que sirve de comedor, allí cada día se congregan cientos de niños con la intención de llevarse algo al estómago. Hoy echamos una mano, y ayudamos a repartir la comida, bebida y un chupa chups por niño, lo más desconcertante, para nosotros, es el orden, la paciencia, y el respeto que estos niños se muestran entre ellos y también hacia aquellos que saben son su fuente segura, no sólo de alimento, sino también de esperanza.

Las dunas rojas del desierto de Namibia y Sossusvlei

La última etapa de “The Adventurer” consiste en visitar el famoso desierto de Namibia, y en escalar alguna de sus enormes dunas. En esta ocasión, acamparemos en el desierto, dotados con nuestras tiendas de campaña y nuestro saco de dormir, no necesitamos más para adentrarnos en la espectacular belleza de este rincón del mundo.

Namib Desert

Cuando llegamos al campamento, ya es tarde, así que sólo vamos a poner a prueba a nuestras piernas para la ardua tarea de mañana. Vamos a contemplar un bello atardecer y comprobamos que subir una duna no es nada fácil, ya que los pies se te van enterrando con cada paso, aunque yo no me fijo en ese detalle, mis sentidos están totalmente concentrados en la contemplación del paisaje, abrumador, desolador pero brutalmente bello… La prueba ha surtido efecto, y a pesar de levantarnos a las 4:30 de la mañana para ser testigos de uno de los amaneceres más espectaculares que la madre Tierra nos ofrece, estamos despiertos y escalamos considerablemente bien los 300 metros que nos separan de la cima, nuestro objetivo. Es curioso cómo los colores hacen que un lugar no sea simplemente bello, sino que sea asombroso… cómo el sol regula con cada segundo una tonalidad distinta de rojo, naranja, amarillo, marrón, y cómo la oscuridad que cubría el horizonte va tomando un aspecto cálido para revelarse como parte viva y llamativa de nuestra vista. Puede sonar agotador, puede sonar terriblemente exhausto comenzar un día de esta manera, pero aunque no lo creáis, es uno de los mejores comienzos de día que jamás hemos tenido.

Después de un descenso divertido y reparador por la Duna 45, nos espera un gran desayuno como recompensa por el madrugón, y como energía para la siguiente parte del día. Caminaremos unos 5 kilómetros por el desierto hasta llegar al fotografiado y más fotografiado DeadVlei. Para aquellos que no lo conozcáis, tan solo debéis imaginaros una obra de Dalí, entonces y sólo entonces seréis capaces de discernir entre la realidad y la fantasía, o tal vez no… tal vez empecéis a comprender que el surrealismo de Dalí tenía cabida en el mundo real. La estampa es tenebrosa, la estampa es tétrica, podría perfectamente ser el escenario de una película de terror, de las antiguas… Sin embargo, es la soledad y el concepto de muerte lo que abunda en este lugar tan desolado. Las acacias casi petrificadas son un recordatorio permanente de lo que puede ocurrirte si te adentras sólo en el desierto de Namibia…

Hasta aquí nuestro paso por Namibia, el país donde nos reencontramos con nuestra amada, un lugar donde volvimos a crear ese romance que nos tiene destinados a estar ligados para siempre. Sentimos el olor a sabana en Etosha, casi alcanzamos a tocar a esos grandes felinos que nos quitan el sueño cuando no podemos encontrarlos, recordamos tiempos añejos al encontrar que cada lugar en la tierra tiene su homónimo en algún otro rincón, aunque sea a miles de kilómetros, rejuvenecimos al lanzarnos por dunas de arena a una velocidad lo suficientemente alta como para que haga que tu corazón lata más rápido de lo normal, nos encogimos ante la bondad y la generosidad de la gente local y nos emocionamos cuando cientos de niños se acercaban corriendo con una amplia sonrisa en su cara hacia nosotros para recibirnos. Y, por fin, con el desierto y sus dunas rojas volvimos a creer que la vida y la muerte son simples estadios que todos llevamos en nuestro interior, que la belleza no es sinónimo de bonanza y que, a veces, es la realidad la que supera a la imaginación. Namibia nos encantó.

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