Hoy en día a poca gente se le ocurrirá viajar a Egipto, pero hasta hace muy poco este país ha sido el más visitado del continente africano, y dejadnos que os digamos algo… es por un buen motivo. Si estás dispuesto a dejar que tu cuerpo sufra los abusos de lo que el calor puede hacerle, te encanta la historia antigua, y los paisajes son lo tuyo, Egipto es tu viaje! Aunque el cómo lo hagas, marcará tu experiencia.

Crucero por Egipto

En nuestro caso fue uno de esos viajes que surgen en el último momento, y como no habíamos preparado nada, decidimos viajar con un pack en el que estaba todo planeado, primero viajabas a Asuán y desde allí te enrolabas en un crucero por el río Nilo hasta llegar a la mítica ciudad de Luxor y, atravesando el país en avión, aterrizabas en El Cairo, la última etapa del viaje.

cementerio de el cairo

Pudimos aprovechar al máximo los siete días de que disponíamos… cada día madrugábamos para visitar todos los enclaves turísticos y no perdernos un solo detalle, Abu Simbel, templos de Kom Ombo, Edfu, Karnak y Luxor, el Valle de los Reyes, las pirámides, el museo de El Cairo… y en tan pocos días, efectivamente, vimos todo Egipto. Sin embargo, en toda esta historia hay algo que no acaba de encajar, ¿realmente conoces Egipto cuando finalizas el tour? ¿O únicamente conoces los lugares de los que tanto has oído hablar?

Habrá gente que responda afirmativamente a nuestra pregunta, porque si no es para observar las virguerías que los antiguos egipcios construyeron miles de años atrás, ¿qué más ibas a hacer en ese país en el que ahora reina el caos? Bien, es totalmente lógico que si viajas a Egipto sea para conocer esos maravillosos lugares, es más, diría que es una obligación como viajero. Pero este tipo de tours tan programados, al final hacen que pierdas un poco la esencia del viaje en sí…

Si pudiera volver atrás, y de algún modo puedo, viajaría de nuevo a Egipto, iría a El Cairo y pasearía por el mercado Khan-Al-Khalili, que más que un mercado es una pequeña ciudad dentro de una gran ciudad, me mezclaría con sus habitantes y les preguntaría a qué lugar desconocido debería ir antes de volver a casa, visitaría la Ciudad de los Muertos otra vez para descubrir los nombres olvidados de los que viven allí, el gran cementerio en el que comparten casa vivos y muertos, volvería a disfrutar del paisaje que las pirámides de Guiza ofrecen, esta vez apartada de las miradas de los millones de ojos que cada día graban en sus retinas un pedazo de las piedras que, una a una, conforman el símbolo de la inmortalidad que representa esa construcción que la geometría ha bautizado como pirámide. Más tarde, viajaría a Luxor para perderme por sus templos… intentado absorber la majestuosidad de esas esculturas tan altas que apenas logras recorrerlas con tu mirada te ciega el intenso sol que no deja de bañarlas ni un segundo del día con sus rayos.

Y surcaría el Nilo en Faluca para que el tiempo no me apremiara, sino que me dejara avanzar con el viento, tal y como los humildes locales lo hacen. Y de ese modo podría empaparme de cada uno de los aromas que ese viento que me mece al son del río me transportaría… aromas que saben a historia, aromas que despiertan en tu ser la sensación de estar viajando.

crucero en el nilo

Ya no volvería a preocuparme por mirar el reloj una y otra vez para asegurarme de cumplir con el programa marcado, ya no volverían a llamarme la atención por demorarme más de un minuto contemplando la grandiosidad de Ramsés II, porque ahora el tiempo lo marcaría el viento, y no los granos de arena que van cayendo al antojo del que establece las normas, porque ahora sería libre, libre para ensimismarme, libre para que cayera la noche y que las estrellas iluminaran el desierto mientras yo seguía con los ojos asombrados ante la grandiosidad de este país.

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