Safari en Chobe

El Parque Nacional de Chobe, otro de los grandes destinos de Botswana. Con la promesa de unos mejores avistamientos que en el Okavango decidimos realizar un game drive para probar suerte y conocer a los felinos botswanos. Llegamos por la tarde, y nuestra primera actividad es un crucero por el río Chobe para ver la puesta de sol.

Nuestro guía nos cuenta que si vemos animales es un bonus, así que no mantenemos las esperanzas muy altas. Aun así llegamos a ver por primera vez desde que aterrizamos en África cocodrilos. El barco se acerca mucho a la orilla para permitirnos observar desde más cerca los colmillos de este animal, que cual estatua se queda absolutamente inmóvil como intentando pasar desapercibido. A los cocodrilos se suman nuestros amigos los hipopótamos, en una orquesta de sonidos acompañados de una danza coreografiada en la que mientras unos emergen a la superficie, los otros descienden desapareciendo en las aguas oscuras.

El paseo en barco está bien, hemos sido capaces de ver una vez más elefantes, búfalos y otros antílopes, aunque los felinos siguen resistiéndose. No por mucho tiempo, a la mañana siguiente en un último intento desesperado, aquellos que nos hemos quedado con ganas de más, nos levantamos pronto y nos subimos a nuestra última esperanza, un jeep que nos lleva directo a las entrañas del parque, ya que le hemos comentado qué es lo que nos interesa.

Y… ahí están, una manada de nueve leonas que bostezan sin parar dándonos los buenos días. Ha merecido la pena porque ahora nos damos cuenta de que nunca nos cansaremos de contemplar a estos animales, la sensación es siempre la misma, ese cosquilleo en el estómago cuando descubres que has sido afortunado con su presencia, ese resquicio de temor al saberte en frente del depredador por excelencia y esa sonrisa que se asoma a tu rostro sin casi percibirla cuando contemplas su comportamiento gatuno, y esta vez nos llevamos una escena que hasta ahora no habíamos presenciado, una de las leonas se está dando su baño diario de lametazos.

Cataratas Victoria en Zimbabue

Con tal felicidad dejamos Botswana para adentrarnos en Zimbabwe, y contemplar por segunda vez una de las cataratas más grandes del mundo, las Cataratas Victoria. Hace tres años y medio que estuvimos aquí, pero todo sigue igual, las cataratas nos impresionan igual, tal vez somos nosotros los diferentes, o es que ahora vemos las cosas de otro modo, más pausado, con unos ojos más cansados pero más maduros. Volvemos a hacer el recorrido que hicimos hace tanto, con otras personas, son otros recuerdos, mismo lugar pero diferentes visiones.

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Las cataratas son mucho menos caudalosas ahora en Diciembre que en Agosto, cuando estuvimos la otra vez. Aun así, la fuerza de las “Mosi-oa-Tunya” es brutal. Mosi-oa-Tunya significa “el humo que truena” y sólo cuando te encuentras frente a ellas es cuando entiendes completamente porqué los primeros exploradores nativos de la zona las llamaron así. La parte buena de visitar un lugar así por segunda vez y en una época distinta es que puedes obtener otra visión, esta vez al no haber tanto agua pudimos acercarnos mucho al abismo para tener una perspectiva completa de principio a fin del recorrido que los millones de gotas hacen hasta finalmente morir en el río Zambeze. Algo no apto para aquellos que sufren de vértigo, pero algo que te deja sin palabras.

De este modo nos despedimos de una breve visita al país número veinticinco de nuestra vuelta al mundo, parece mentira que hayamos recorrido tanto en un año, parece mentira que este año esté a punto de terminar, parece mentira lo rápido que está sucediendo todo, parece mentira que mañana lleguemos al último país de este viaje que empezó hace casi un año, Sudáfrica será el que nos verá partir de nuevo a nuestro hogar.

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